Antibióticos
¿Qué son y de dónde vienen?
Etimológicamente, antibiótico viene a significar aquello que es contrario a la vida, concretamente a los seres vivos. Aunque parezca irónico, se trata de una sustancia producida por los mismos y que impide la reproducción de otro tipo de microorganismos: las bacterias. Estas se instauran en humanos, animales y plantas, generando infecciones. Dentro de este campo destaca el descubrimiento de la penicilina por parte de Alexander Fleming en 1928, lo que supuso un gran avance para la ciencia medicinal del momento. Desde entonces y, debido a su utilidad, su consumo se ha disparado hasta alcanzar una media de 16 dosis por habitante y día en la Unión Europea en 2020, según datos del Ministerio de Sanidad.
¿Qué necesidades cubren?
Estos medicamentos, como las
penicilinas o los aminoglucósidos, pueden ser aplicados por vía oral, mediante
pastillas o líquidos; tópicamente, a través de cremas, sprays o gotas; e
inyecciones, aunque estas son menos comunes. Como es lógico, se debe consultar
a un médico para obtener una correcta elección del antibiótico que se va a
tomar, ya que no todos trabajan sobre las mismas bacterias. Además, y
dependiendo de la persona, no se absorbe el fármaco de la misma manera, las
infecciones no son iguales, los efectos secundarios no son los mismos y su
coste puede variar.
En resumen, el trabajo de los antibióticos
es de eliminar, debilitar y evitar la reproducción de las bacterias a las que
estén preparados para actuar en contra. De este modo, estos fármacos se
encargan de hacer desaparecer infecciones relativamente fáciles de contraer y
que, en otros tiempos, hubiesen supuesto problemas mucho más graves para el ser
vivo que las sufriera.
¿Cómo funciona su cadena de
valor?
Estos productos se comercializan
a través del sector farmacéutico, por lo que están destinados a mejorar la
calidad de vida de las personas, considerándose así como un elemento básico y
de necesidad primaria. Llevan detrás un largo estudio de logística que se
centra en la distribución de los medicamentos desde los laboratorios hasta los
centros farmacéuticos, siendo muy importante también su correcto
almacenamiento. La mayoría de ellos no necesitan una estrategia de ventas, ya
que el target al que se dirigen suelen ser las personas de mayor edad, aunque
las infecciones bacterianas puedan darse en cualquiera; además de que son
productos recomendados directamente por un médico y es extraño que una persona
acuda a comprarlos sin mayor necesidad. La única competencia económica que
pueda haber se daría entre los distintos laboratorios que tengan patentado y
produzcan estos medicamentos.
Una vez se habla de los laboratorios,
se da con el punto más importante de la cadena de valor de los antibióticos, y
del sector farmacéutico en general. La producción del medicamento. Este es el
proceso más costoso de la cadena y el que más importancia conlleva. Como ya se
ha explicado, consiste en obtener sustancias producidas por organismos vivos y,
tratándolas en el laboratorio, obtener ese resultado final que es el medicamento;
lo que no resulta nada fácil.
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